lunes, 21 de abril de 2014

De vuelta a casa

Japón tendría que estar más cerca. Tanto el viaje de ida como el de vuelta se hacen muy largos y las horas de diferencia se notan. Ayer a las 10 de la noche ya no aguantaba más y caí rendida en la cama, y ahora tengo la sensación que hace muchísimas horas que ha empezado el día y solo son las 12 del mediodía.

En esta entrada tengo ganas de escribir sobre algunas cosas que han quedado pendientes: comida, curiosidades, impresiones,... Quiero añadir aquí algunas fotos que ilustren estas curiosidades también.

Ya en el anterior viaje fuimos de búsqueda y captura de Kitkats. Cada región de Japón tiene diferentes sabores y hay algunos que solo salen durante una época, es bastante curioso. Aquí dejo una foto de todas las variantes de Kitkat que hemos encontrado en este viaje (o casi todas).


Aquí se pueden apreciar tres variantes de te verde, una de té blanco, una de te verde con sakura, dos de pastel de queso, uno de judía roja, uno de una especie de galletas típicas de Kyoto, el pequeño es de flan, de naranja. Y los dos curiosos: pimentón picante y wasabi. Vimos de fresa, pero no teníamos espacio para más.

Y misión cumplida, comí todo lo que me gusta de Japón. Aquí tengo unas cuantas fotos de los manjares.

Es un omurisu...Con mucho queso y gambas.








Curry del Coco Kare, con pollo cocinado de tres maneras.





Yakisoba con muchos ingredientes.





Meron pan con chocolate.





Unagidon.





Okonomiyaki.






También quería dedicar parte de la entrada (este va a ser una entrada más visual que escrita) a poner fotos de diferentes avisos o anuncios que se ven por Japón. Siempre suelen ser muy llamativos y coloridos, y realmente muy diferentes en estética a lo que aquí estamos acostumbrados.

 Para promocionar la nueva tarjeta integrada de los transportes de Kyoto.
Aquí se puede aparcar.







En una comisaría de policia...










Cuidado no te caigas de la bici.








Mañana ya vuelvo a trabajar y seguro que el jet lag me acompañará durante unos días más, pero me lo he pasado realmente bien y ya tengo ganas de volver a estar en Japón otra vez. Mirando las fotos del viaje, hoy tengo que aceptar que se me ha caído una lagrimita de nostalgia. Voy a echarlo mucho de menos...


viernes, 18 de abril de 2014

En una boda japonesa

Escribo esta entrada ya tranquila, sentada en el shinkansen de vuelta a Tokyo. Hoy ha sido un día lleno de estímulos y emociones y creo que difícilmente olvidaré esta experiencia.

A las 10 de la mañana tenía hora para que me pusieran el kimono y me peinasen. La chica que me lo ha puesto lo ha hecho rápida y eficientemente: ha sacado todas las piezas de la maleta donde estaba guardado, lo ha analizado un momento y me ha ido guiando por cada paso de lo que tenía que hacer para ponerle más fácil el proceso de vestirme. Los detalles estaban cuidados, incluso había unas sandalias especiales para lluvia (por si acaso), un precioso bolso a juego y una peineta para el pelo. “Los kimonos están hechos para que no se aprecien las curvas que tenemos las mujeres” me decía la chica mientras me vestía y me apretaba fuerte el obi  alrededor de la cintura.

Los kimonos, sin duda, son prendas hermosas y elegantes  y cuando he salido a la calle y caminado poco a poco hasta el hotel he levantado alguna mirada de sorpresa de japoneses que había por los alrededores. Imagino que una extranjera con kimono es una imagen rara.



Después hemos cogido un taxi para ir a la boda que se celebraba en el templo de Shimogamo. Nada más llegar me he encontrado con el padre de Azusa que me ha recibido muy cálidamente. Aun recuerdo como, hace dos años, me daba conversación y cerveza mientras estábamos sentados en una mesita baja en el comedor de su casa. Es realmente una persona muy simpática y amable.

Hemos pasado a una sala donde iban llegando el resto de invitados: la familia del novio en una mesa y la familia de la novia en otra. Ha sido una boda de poca gente (solo familia cercana) por lo que estar en ella realmente representaba un honor. Me resulta difícil entender toda la simbología de la ceremonia que ha venido después, ya que era la primera vez que veía algo parecido y sé muy poco sobre el tema, pero iré describiendo lo que he visto. En esta sala, en las hemos estado sentados separados dos mesas, mientras los novios en una mesa central estaban ensayando sus votos. Nos han dado un té de sakura que tenía trocitos de oro y un pastelito de arroz relleno de judía dulce.


Después en dos filas (una para la familia del novio y otra para la familia de la novia) hemos seguido a los novios, que iban bajo un parasol rojo que llevaba una de las monjes del templo. Entonces ya hemos entrado al lugar donde se realizaba propiamente la ceremonia. Un monje recitaba todas las instrucciones de lo que se tenía que ir haciendo, rezaba y creo que pedía la gracia de los dioses. Había otro monje (de aspecto más solemne) que de vez en cuando también rezaba. Una de las simbologías de la ceremonia ha sido que los novios han bebido sake del mismo vaso dando tres sorbos cada uno, después los padres de cada uno y una vez más los novios. Después todos hemos bebido del mismo sake.

Al salir de allí, y como creo que en las bodas en todo el mundo, nos han hecho muchas fotos a todos juntos, cuidadas al detalle, y ya nos hemos dirigido al restaurante donde se hacía la recepción de la boda. Es costumbre en las bodas japonesas al llegar al lugar de la recepción entregar un sobre con dinero para los novios. Este sobre ha de contener un número de billetes impar, que sean nuevos y la cantidad varía un poco si eres un familiar, un amigo o un compañero de trabajo.  El sobre ha de tener unos lazos de colores determinados (sino podría ser de nacimiento o incluso de funeral!!)  y se ha de poner el nombre de la persona que entrega el dinero en la parte inferior. Después ya hemos pasado a una sala a esperar a los novios que han llegado poco después en un Rolls-Royce. Han seguido las fotos y hemos subido a la sala donde estaban las mesas ya preparadas.

Cuando ya hemos estado todos colocados, han traído vino blanco y todos hemos brindado por los novios. A partir de aquí han empezado a traer platitos muy apetitosos. La cocina, en mi opinión, parecía de inspiración francesa pero con ingredientes típicos japoneses.  Las familias del novio y la novia habían estado bastante separadas durante toda la celebración, pero a partir de este momento, y entre plato y plato, han aprovechado para levantarse con una botella de cerveza e ir a la mesa de los integrantes de la otra familia. Supongo que se han felicitado mientras el que se había levantado servía cerveza al otro.

En un momento dado, tanto el novio como la novia se han levantado para cambiarse. Hasta entonces habían estado llevando trajes tradicionales: ella un precioso kimono blanco con grullas y él un pantalón y chaqueta de kimono. Durante este rato nos han puesto un power point con diferentes momentos de la vida de Azusa y Tomoyasu, primero su vida por separado y después juntos. Me ha emocionado ver que había un momento en el que yo aparecía en el power point, Deborah-chan Deborah-chan, he oído decir a alguna persona.

Al volver, ya vestidos ambos de blanco, han traído el pastel que han cortado juntos. Había una chica con un micrófono que iba hablando y narrando cada momento y me ha sorprendido oír mi nombre. Azusa ha querido que me levantase y darme a probar del pastel…Me había dicho (por suerte) que en algún momento se nos mencionaría y explicaría quien éramos, pero no sabía que tendríamos que levantarnos y probar el pastel primero! He querido decir en japonés que estaba muy contenta de estar allí y quería ser amiga de Azusa siempre, pero me he puesto muy nerviosa y no lo he dicho nada nada bien. Aun no me puedo creer la importancia que ha querido darme en un día como este. Una cosa es asistir a la boda de alguien, pero otra que te hagan sentir especial como ella lo ha hecho.

Después ya se han dado a probar el pastel el uno al otro y han ido mesa por mesa para hablar con todos los asistentes y hacerse fotos con ellos. Finalmente les han dejado un momento para comer un poco (que entre el ajetreo no han tenido nada de tiempo) y ha acabado todo. Los novios y los padres han bajado primero para despedir a los invitados que se marchaban.

Entonces hemos cogido un taxi y nos hemos preparado para marcharnos. Me han quitado el Kimono en el mismo lugar que me lo han puesto, solo ha sido, quitar nudo quitar nudo quitar nudo, por un lado me ha dado pena no llevarlo (no sé si alguna vez llevaré un kimono tan bonito) pero por otro lado ha sido cómodo dejar de tener la cintura apretada y volver a llevar mi ropa puesta. Eso sí, no he dejado que me deshiciesen el peinado. Como mínimo hasta esta noche me apetece llevar el recogido que me han hecho.



Creo que esta ha sido la entrada más larga que he escrito pero realmente quería narrar con detalle el día ya que pienso que a Japón puedo volver pero dudo  por esta experiencia tan bonita dudo que vuelva a pasar.

martes, 15 de abril de 2014

Surfing in Okinawa

Mientras escribo esta entrada noto la piel roja, como después de un día entero tostándome en la playa al sol. Hoy el tiempo ha sido ha sido muy bueno, el sol ha brillado fuerte y aunque la brisa marina engaña un poco y da la sensación de que no te has de quemar, lo cierto es que he cogido más sol del que es aconsejable.

Esta mañana ya nos lo hemos tomado con calma y no hemos salido temprano del hotel, nos hemos sentado en las tumbonas de la playa privada del hotel mientras mirábamos al mar. Después hemos cogido el coche, con el único objetivo de dar vueltas y ver paisajes. Nos hemos ido a la parte Oeste de la isla, donde están los manglares y creo que hoy ya he conducido con más tranquilidad.

A las 16 habíamos quedado con el instructor de surf por lo que, sin estar convencidos de parar en ningún restaurante de los del camino, cogimos comida en un conbini que estaba cerca de donde habíamos quedado. Volví a agenciarme un Tako risu (nota: comí ayer para comer, hoy para comer y hoy para cenar, o sea que ya van cuatro veces), me encanta el dichoso plato.

El instructor de surf es un americano instalado en Okinawa, algo reservado pero todo eficiencia. Nos ha dejado todo, las tablas, los trajes de neopreno e incluso las toallas. Primero nos ha dicho que practiquemos ponernos en pie como se debe encima de una tabla en el suelo mismo. Después hemos ido a buscar las olas (hay varios sitios donde pueden haber). Para empezar nos hemos puesto los trajes y hemos bajado las tablas a la playa. El instructor nos ha hecho ponernos planos sobre la tabla y irnos desplazando con los brazos. Esta es la parte más cansada, ir arriba y abajo impulsándote sobre los brazos. Pero para llegar de donde salen las olas (y cada vez que te subes a una) es necesario moverse de este modo.


No es nada fácil coger el equilibrio suficiente para ponerse en pie de un salto sobre la tabla, lo que sí es divertido y no hay que hacer nada más que dejarse llevar, es sentir la velocidad de la ola cuando la montas. Después de muchas caídas y solo conseguir poner de cuclillas sobre la tabla, he conseguido ponerme una vez en pie y dejarme llevar. Como mínimo lo he conseguido una vez :D. Okinawa está rodeada de coral y no es recomendable bajarse de la tabla, claro que para aprender es normal caerse y nos hemos llevado algún golpe y rascada del coral. Al salir me sangraba el pie, pero ni me he dado cuenta cuando me lo he hecho, de lo concentrada que estaba intentando ponerme en pie en cada ola. Aquí más información sobre la escuela de surf.

Mañana volvemos a Kyoto (en dos días ya se celebra la boda de Azusa). Mañana toca más desplazamientos.

lunes, 14 de abril de 2014

Aventuras en Okinawa

Ayer por la tarde llegamos a Okinawa. Nada más bajar del avión ya se notaba la típica humedad propia de los lugares tropicales y una calidez agradable, en resumen, una sensación térmica muy diferente a la de Tokyo.

Para llegar al hotel que teníamos reservado, tuvimos que conducir durante dos horas. Ya habíamos decidido alquiler un coche y nos queríamos permitir el lujo de coger un deportivo, pero al final con tantas maletas necesitamos coger un coche con más espacio. Realmente estamos acumulando mucho equipaje y ambos nos hemos comprado maletas de mano nueva para meter todas las nuevas adquisiciones que hemos ido haciendo.

No pudimos disfrutar demasiado de las vistas, al ser tarde, por lo que nos peleamos con el hecho de "conducir por el otro lado". Siempre que he tenido que hacer esto (en Inglaterra y en Malasia) me siento una notaba que hace poco que conduce, tensa, teniendo que poner exceso de atención en la carretera que tengo delante y no poder disfrutar de las cosas que me rodean al conducir.
A medio camino, y con un giro un tanto brusco y repentino debido a las pocas habilidades conductores, nos paramos a cenar. Tuvimos mucha suerte en el restaurante que escogimos porque tenía comida típica de la zona de la que ya había oído hablar. Comimos Taco risu, una influencia que queda en la isla del momento de la ocupación americana, y es, ni más ni menos lo que parece: todos los ingredientes de un taco encima de arroz.


También comimos una ensalada con umibûdo, literalmente uvas de mar. Son unas algas que parecen unas pequeñas uvas verdes, bastante hidratantes y con sabor a mar.

La habitación es enorme, la más grande en la que hemos estado, es como un pequeño piso y está dentro de un resort que parece una pequeña urbanización con playa privada y todo. Cada mañana ofrecen desayuno en un restaurante diferente de los que tienen, hoy hemos desayunado fruta (sandía, un clásico) , pan y croissants a pie de playa. Es pena que el día de haya despertado un poco gris, porque las vistas son preciosas. Aquí dejo información sobre el resort por si alguien le interesa saber algo más sobre él.

Después hemos ido al acuario, ya había estado en algún acuario antes, pero nunca uno como este. No solo hay muchísimas especies sino que te sientes como si estuvieras muy cerca de ellas. Al principio del acuario ya puedes meter la mano en una pecera y tocar estrellas de mar. A lo largo de todo el acuario viajas por la diferente fauna marina que culmina con una pecera enorme llena de bichos gigantescos: mantas rallas, tiburones ballena, atunes y por otro lado diferentes tipos de tiburones con un aspecto bastante amenazador. Comimos al lado de esta pecera, mirando como los bichejos daban vueltas. Es una muy bonita experiencia.


Después hemos dado unas vueltas más por la isla, para poder contemplar los paisajes y mañana, si todo sale bien, iremos a hacer surf.

viernes, 11 de abril de 2014

Con el Monte Fuji de fondo

Después de unos días movidos y de mucho caminar, ahora estamos a pie del lago Kawaguchiko en un hotel con baños termales. Es un ritmo totalmente diferente porque a partir de las 18 de la tarde (incluso un poco antes) ya no hay mucho que hacer en la zona y aun hace bastante frío cuando se va el sol. Pero la gracia de este sitio, a parte de la increíble vista al Monte Fuji que hay desde aquí, es el hotel. La habitación es amplia, tiene una zona de tatami con mesa baja (desde donde escribo ahora) y los baños valen mucho la pena. El baño interior es el más cálido (a 42 ºC) y los exteriores no marcan la temperatura pero están claramente más frescos. Ir a los exteriores realmente significa que has de pasar por fuera desnudo y, aunque compensa una vez de metes dentro, ¡el aire que pasa es frío!


Las fotos no están permitidas, pero como no había nadie he pasado con el móvil para llevarme un recuerdo.

Y si ir en bici por Kyoto era estupendo, por aquí ha sido aun mejor. Hoy hemos cogido un par de bicis del hotel, venían con motor incorporado y era curioso notar como al pedalear la bici arrancaba y se aceleraba por ti. Mucho mejor estas bicis que las convencionales, la verdad. La vista todo el rato ha sido preciosa. Los cerezos aun no han florecido en esta zona (no les debe quedar mucho ya que ya habían los primeros brotes en algunos árboles) pero a pesar de ello sigue valiendo la pena. Hemos tenido suerte que el día ha sido claro y la vista hacia el monte muy nítida.


Parece un buen lugar para venir en verano, escaparse de la ciudad y venir a un lugar un poco más fresco.
Mañana volvemos a hacer una parada en Tokyo, antes de coger el avión y embarcarnos hacia Okinawa.

miércoles, 9 de abril de 2014

Entre Osaka y Kyoto

Ya hace un par de días que estamos alojados en Kyoto, pero entre el cansancio, ir de aquí para allá y que el frío de los últimos días me ha afectado un poco, aun no había tenido tiempo de sentarme a escribir un post.

Ayer estuvimos en Osaka, decidimos coger el Shinkansen (tren bala) e ir hacia allá, ya que solo se tarda 13 minutos en llegar. En Osaka nos apetecía especialmente volver a Den den Town, también es un barrio para aficionados del Manga y el Anime, pero para mí es más agradable, ya que al ser más pequeño y más de escala humana, las cosas se aprecian mejor y más relajadamente. De camino (quedaba de paso en la línea de metro) paramos en el Pokemon Center. Sí, hace tiempo que me desenganché de Pokemon, pero necesitaba ver en vivo y en directo como era una tienda especializada solo en ese tipo de merchandasing. Y compré cosas, como destacada una manta de sofá, suave y muy mona.


Por fin hoy ha hecho un tiempo de calor adecuado para ir a ver cerezos, tanto es así que he cogido color rojo en la cara del sol que ha ido haciendo todo el día. Hemos alquilado una bici y hemos ido hasta Murayama koen, un parque recomendado como el más visitado en Kyoto en la época del Hanami. Para llegar allí hemos pasado por Gion, donde había muchas parejas a punto de casarse vestidos con kimonos haciéndose sesiones fotográficas. Y es que las calles están así de bonitas.



Estando estirada en la manta de picnic en el parque, he pensado que las fotos no podían reflejar la belleza de los cerezos en flor, de los cuales caían pétalos. "Parece nieve" ha dicho una chica. Para no romper con el ambiente festivo, nos hemos tomado un bebida (que en teoría tenía algo de alcohol, pero no se notaba nada) especial de la época, de sabor cereza.


De todos modos, se nota que no es fin de semana y se respiraba una cierta tranquilidad, tanto es así que he conseguido incluso echarme una cabezadita al sol. Una de las conclusiones del día es que con este tiempo es bastante práctico ir en bici por Kyoto.

domingo, 6 de abril de 2014

Comprar sin parar en Harajuku

Ayer estuvimos en Harajuku, famoso por ser el barrio de las monerías y tendencia en moda. Es donde las lolitas y las chicas que quieren abusar del rosa van a buscar su ropa. Imaginad hasta que punto es esto, que en uno de los centros de la zona había una especie de campaña llamada "Girls project". Se trataba que los diseñadores de cada tienda hicieran una pieza de ropa con un motivo Disney. Como no podía ser de otro modo, me compre un par de vestidos (no de color rosa ni con motivos Disney aunque si con un estilo bastante propio de Japón) entre muchas otras cosas más.


También en esta zona está el parque Yoyogi. Hay que decir que el tiempo desde que hemos llegado ha estado un poco inestable. Excepto el día de Shibuya, que llovió sin parar, el resto ha sido muy variable. Los últimos dos días si no se estaba al sol hacía bastante fresco y nos ha costado encontrar un momento para ir a ponernos en un parque a mirar cerezos. No obstante, aprovechando que estábamos cerca de Yoyogi, fuimos a echar un vistazo. La zona donde estaban los cerezos estaba llena de gente haciendo bastante ruido y bebiendo alcohol. Se notaba que la fiesta estaba en marcha hacía horas por la cantidad de basura que había y el fresco que hacía no parece que les importe, había quien se ponía una mantita encima y ya está.


Y para cenar fuimos a un restaurante de "tapas". Aquí es costumbre comer algunos platitos pequeños mientras bebes cerveza o sake cuando sales para cenar. Hay una cadena de restaurantes que se basa en esta idea, con el tapas a 270 yenes. Es divertido porque en cada mesa hay una pantalla en la que escoges lo que quieres tomar, tanto de comida como bebida y al cabo del rato te traen lo que has pedido. Es divertido que funcione así pero claro, es un practica japonés o come lo que sea, al azar.


Se nota que ya me voy adaptando al horario, ni me despierto demasiado temprano ni tampoco me muero de hambre al despertarme. De hecho, hoy he dormido más que de costumbre y como teníamos que salir del hotel para ir a Kyoto no he tenido tiempo de enviar este post por la mañana, y lo estoy haciendo ahora desde el hotel de Kyoto. 

sábado, 5 de abril de 2014

El día que el Palacio Imperial estaba abarrotado de gente

Si se quiere hacer un poco de ejercicio gratis en Tokyo, ir al paseo que da la vuelta al palacio imperial es buena idea. Hay un circuito con los kilómetros que vas recorriendo (una vuelta entera son cinco) y hay una tienda a escasos 5 minutos donde te alquilan todo lo que necesitas para correr y donde al final te puedes duchar. Me impresionó bastante la tienda en general, llena de detalles y con duchas y vestuarios limpios, con cada pequeña cosa que necesitas bien organizada y colocada, y todo por 500 yenes. Aquí hay unas cuantas fotos.

Había leído que era una zona muy concurrida ya que se había popularizado bastante y había que seguir una serie de normas, como correr en dirección opuesta a las agujas del reloj, pero lo que encontramos fue increíble. No había montones de gente corriendo, sino montones de gente en general.



Resulta que ayer era uno de los raros días en el cual el palacio está abierto al público y la gente hacía cola para entrar al palacio. Había alguna zona por la que era imposible caminar, ya no digo correr, por lo que no fuimos capaces de dar tranquilamente una vuelta entera. Decidimos aprovechar para entrar en los jardines del palacio, donde no había tanta cola, y al salir correr de nuevo hasta el punto de salida. Al final hicimos 3 kilómetros y medio bastante seguidos.



Ayer también estuve haciendo una lista mental de aquellos platos que me gustan que había comido y los que aun me faltaban por comer. Curry, soba, unagi, sushi y ramen ya están en la lista (y se pueden repetir). Pero aun me faltan los takoyakis, el okonomiyaki y el taiyaki. Todo yakis (a la brasa) me acabo de dar cuenta.
De hecho el plato de ramen lo comimos en uno de aquellos lugares que solo sirven eso y te ponen una gran cantidad. Parecía regentado por dos amigos, uno cortando verduras y el otro sirviendo y preparando la mezcla. Se esperaba que tú mismo te cogieses el ticket de lo que querías en una máquina, que te sirvieses el agua y que al finalizar limpiases el trozo en el que habías estado con un trapo (bastante inmundo por cierto). ¿Os hais dado cuenta que no menciono haber comprado nada?


viernes, 4 de abril de 2014

Gatos donuts en Akihabara

¿Desayunar sushi? El jet lag y despertarse con hambre lo hacen posible. Ayer por la mañana fuimos a Tsukiji, que es la zona del mercado del pescado, y nos dirigimos a un restaurante llamado Sushi Zanmai. Es un restaurante del tipo kaiten sushi, de los que son giratorios y luego te cuentan los platos que has ido consumiendo. A diferencia de los que se pueden encontrar en Barcelona, a parte de coger las cosas que van pasando por la cinta, puedes pedir al cocinero que te prepare cualquier variante de sushi que hay en la carta.

Pensando que el cambio está a 1 euro = 142 yenes...Imaginad si está barato (y bueno y fresco).

Sigo teniendo problemas de consumismo. Después de comer sushi fuimos a Akihabara, el barrio donde están reunidas la mayoría de tiendas de Anime, frikadas varias y electrónica. Los japoneses tienen mucha cultura de segunda mano y se pueden encontrar comics, libros, móviles, entre otras cosas. Además a pesar de ser de segunda mano todo está perfectamente conservado. Hacia un tiempo que me planteaba comprar un Tablet por lo que cogí un Xperia Z de 32 GB de segunda mano. Sin caja, sin cables (si no fuera Japón pensaría que es un Tablet robado), pero solo me ha costado 210 euros y parece nueva...

Aun no había hecho ningún comentario sobre series de Anime "raras". Pues creo que he encontrado una candidata: gatos en forma de donut, que viven en un Japón post apocaliptico y son seguidos por ratones que se los quieren comer...¿qué mente puede tener esa idea? Son monos los condenados gatos donuts, no se les puede negar, y me he comprado un llaverito de uno que tiene cara de enfadado y el vídeo tiene cierta gracia: http://www.youtube.com/watch?v=J-Gm1U-eq-U


jueves, 3 de abril de 2014

Alicia en Shibuya

Hoy me he despertado con una sensación de que, tal vez, me estaba gastando demasiado dinero para los pocos días que llevaba aquí y que si para los días finales veía algo que me hacía especial gracia ya me habría gastado el presupuesto que me había fijado. Y es que ayer estuvimos en Shibuya, un barrio donde las niñas pueden comprar todo tipo de monerías. Bajo la lluvia, salimos y entramos en diferentes tiendas. En la entrada de cada una hay un cachivache que ayuda a meter los paraguas dentro de un plástico, para que de este modo no se moje la tienda (ni uno mismo ya de paso). Hay tantas cosas que una, y más con la mente de vacaciones, se le puede antojar comprar....Al final cogí una cámara Polaroid de color rosa, que hace mini fotos, varios pares de medias y una pequeña maleta con dibujitos de gatos. Y es que la maleta será imprescindible, esta vez la ropa ocupa más que en verano y no tendremos tanto espacio para llevarnos cosas de vuelta.

Como también queríamos ir a un lugar diferente a comer, nos metimos en un restaurante llamado Alice in the Dancing Land. Es un restaurante temático basado en el mundo de Alicia en el país de las maravillas. Tiene un Carrusel enorme en el medio y las camareras van vestidas como Alicia. Además, encontramos dos pequeñas japonesas disfrazadas también de Alicia, con las que me hice una foto. La comida era sencilla y no habían demasiados platos para escoger, aunque daban de comer creo que es más un lugar para ir a la hora del té y pasarte un par de horas charlando con las amigas mientras bebes zumos o tés del buffet de bebidas. Me encantó el hecho de que tuviera canciones de Disney de fondo. Dejo aquí el enlace por si alguien tiene curiosidad.

Después de caminar horas por el barrio, y notarnos los pies calados por la lluvia, volvimos al hotel. De camino comimos un plato de anguila con arroz, uno de mis favoritos. Y yo como mínimo antes de las 20:30 ya había caído rendida en la cama.
Y como he comentado al principio, al despertarme he pensado en el dinero que me había gastado. No obstante, comparado con la última vez que vinimos el cambio es bastante bueno (1 euro = 140 yenes), lo que representa que, a pesar de que el IVA aquí ha pasado del 5% al 8%, todo es comparativamente un 40% más barato. Al mirar la cuenta de banco he visto que las cosas están realmente mucho más baratas, y que no he gastado prácticamente nada para todo lo que he comprado...Que pena que no tengo más espacio en la maleta....

miércoles, 2 de abril de 2014

Cerezos, curry y jet lag

Son las 7:42 de la mañana cuando empiezo a escribir este post. Como siempre cuando viajo hacia el Este y las horas de diferencia son tantas, me siento rara y desorientada. Cuando me he despertado hace un rato he pensado que podría comerme una pizza, no tenía ya nada de sueño y sí mucha hambre.
Esperaba a estar hora oír el bullicio de la gente que va a trabajar, pero a pesar de estar en plena cuidad, prácticamente no se oye nada. Ni motores ni pitidos de coche, nada. Y es que al mirar por la ventana las carreteras están practicamente desiertas, pasan personas a pie con paragüas (el día hoy se ha despertado gris) pero se respira tranquilidad. Si la habitación tuviera vistas al otro lado del hotel, se vería la Torre de Tokyo. Se puede ir caminando a pie a ella desde aquí, y el paseo es muy agradable, con las avenidas llenas de cerezos en flor. Ayer por la noche fuímos paseando hasta las cercanías de la Torre. En mi opinión las luces nocturnas hacen que esta parte de la ciudad, llena de asfalto y edificios altos, sea aun más bonita.

A la vuelta nos detuvimos a comer en un Coco Curry. Es una franquicia donde solo cocinan curry japonés y puedes escoger variedad de ingredientes para acompañarlo (solo de pensar en ello mientras escribo me entra hambre). Aquí está la página web con la carta.

Ayer llegamos a Tokyo a las 10 de la mañana, después de mas de 15 horas de viaje. Los check-in de los hoteles suelen ser siempre a partir de las 15 de la tarde, por lo que cogimos el metro y fuímos a Ikebukuro. Nos habría gustado coger el hotel por allí, pero curiosamente todos los hoteles más económicos estaban llenos, por lo que acabamos buscando por otras zonas de la ciudad. No es que sea un barrio muy bonito, Asakusa, que es más tradicional y está cerca del río, tiene mucho más encanto, pero para estar entretenido tiene realmente de todo: un centro comercial, tiendas especializadas en anime y manga y restaurantes para comer. Me encanta entrar en ciertas tiendas y pasarme el rato mirando los pequeños detalles, es la manera en la que las horas me pasan más rápido y creo que es de las cosas que más me gusta hacer en Japón. Los japoneses son una sociedad muy consumidora y hay gran variedad de productos de todo tipo, que además van cambiando a gran velocidad.
Ayer entramos en Animate que es considerada una de las tiendas de manga y anime más grande del mundo. Fuímos a una librería donde me gasté 5000 yenes en libros. Uno de ellos fue un capricho que no pude resistir, un libro de fotos donde comparan a leones y gatos, precioso.
Querida Tokyo, ¡como me gusta estar de vuelta!