lunes, 14 de abril de 2014

Aventuras en Okinawa

Ayer por la tarde llegamos a Okinawa. Nada más bajar del avión ya se notaba la típica humedad propia de los lugares tropicales y una calidez agradable, en resumen, una sensación térmica muy diferente a la de Tokyo.

Para llegar al hotel que teníamos reservado, tuvimos que conducir durante dos horas. Ya habíamos decidido alquiler un coche y nos queríamos permitir el lujo de coger un deportivo, pero al final con tantas maletas necesitamos coger un coche con más espacio. Realmente estamos acumulando mucho equipaje y ambos nos hemos comprado maletas de mano nueva para meter todas las nuevas adquisiciones que hemos ido haciendo.

No pudimos disfrutar demasiado de las vistas, al ser tarde, por lo que nos peleamos con el hecho de "conducir por el otro lado". Siempre que he tenido que hacer esto (en Inglaterra y en Malasia) me siento una notaba que hace poco que conduce, tensa, teniendo que poner exceso de atención en la carretera que tengo delante y no poder disfrutar de las cosas que me rodean al conducir.
A medio camino, y con un giro un tanto brusco y repentino debido a las pocas habilidades conductores, nos paramos a cenar. Tuvimos mucha suerte en el restaurante que escogimos porque tenía comida típica de la zona de la que ya había oído hablar. Comimos Taco risu, una influencia que queda en la isla del momento de la ocupación americana, y es, ni más ni menos lo que parece: todos los ingredientes de un taco encima de arroz.


También comimos una ensalada con umibûdo, literalmente uvas de mar. Son unas algas que parecen unas pequeñas uvas verdes, bastante hidratantes y con sabor a mar.

La habitación es enorme, la más grande en la que hemos estado, es como un pequeño piso y está dentro de un resort que parece una pequeña urbanización con playa privada y todo. Cada mañana ofrecen desayuno en un restaurante diferente de los que tienen, hoy hemos desayunado fruta (sandía, un clásico) , pan y croissants a pie de playa. Es pena que el día de haya despertado un poco gris, porque las vistas son preciosas. Aquí dejo información sobre el resort por si alguien le interesa saber algo más sobre él.

Después hemos ido al acuario, ya había estado en algún acuario antes, pero nunca uno como este. No solo hay muchísimas especies sino que te sientes como si estuvieras muy cerca de ellas. Al principio del acuario ya puedes meter la mano en una pecera y tocar estrellas de mar. A lo largo de todo el acuario viajas por la diferente fauna marina que culmina con una pecera enorme llena de bichos gigantescos: mantas rallas, tiburones ballena, atunes y por otro lado diferentes tipos de tiburones con un aspecto bastante amenazador. Comimos al lado de esta pecera, mirando como los bichejos daban vueltas. Es una muy bonita experiencia.


Después hemos dado unas vueltas más por la isla, para poder contemplar los paisajes y mañana, si todo sale bien, iremos a hacer surf.

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