viernes, 18 de abril de 2014

En una boda japonesa

Escribo esta entrada ya tranquila, sentada en el shinkansen de vuelta a Tokyo. Hoy ha sido un día lleno de estímulos y emociones y creo que difícilmente olvidaré esta experiencia.

A las 10 de la mañana tenía hora para que me pusieran el kimono y me peinasen. La chica que me lo ha puesto lo ha hecho rápida y eficientemente: ha sacado todas las piezas de la maleta donde estaba guardado, lo ha analizado un momento y me ha ido guiando por cada paso de lo que tenía que hacer para ponerle más fácil el proceso de vestirme. Los detalles estaban cuidados, incluso había unas sandalias especiales para lluvia (por si acaso), un precioso bolso a juego y una peineta para el pelo. “Los kimonos están hechos para que no se aprecien las curvas que tenemos las mujeres” me decía la chica mientras me vestía y me apretaba fuerte el obi  alrededor de la cintura.

Los kimonos, sin duda, son prendas hermosas y elegantes  y cuando he salido a la calle y caminado poco a poco hasta el hotel he levantado alguna mirada de sorpresa de japoneses que había por los alrededores. Imagino que una extranjera con kimono es una imagen rara.



Después hemos cogido un taxi para ir a la boda que se celebraba en el templo de Shimogamo. Nada más llegar me he encontrado con el padre de Azusa que me ha recibido muy cálidamente. Aun recuerdo como, hace dos años, me daba conversación y cerveza mientras estábamos sentados en una mesita baja en el comedor de su casa. Es realmente una persona muy simpática y amable.

Hemos pasado a una sala donde iban llegando el resto de invitados: la familia del novio en una mesa y la familia de la novia en otra. Ha sido una boda de poca gente (solo familia cercana) por lo que estar en ella realmente representaba un honor. Me resulta difícil entender toda la simbología de la ceremonia que ha venido después, ya que era la primera vez que veía algo parecido y sé muy poco sobre el tema, pero iré describiendo lo que he visto. En esta sala, en las hemos estado sentados separados dos mesas, mientras los novios en una mesa central estaban ensayando sus votos. Nos han dado un té de sakura que tenía trocitos de oro y un pastelito de arroz relleno de judía dulce.


Después en dos filas (una para la familia del novio y otra para la familia de la novia) hemos seguido a los novios, que iban bajo un parasol rojo que llevaba una de las monjes del templo. Entonces ya hemos entrado al lugar donde se realizaba propiamente la ceremonia. Un monje recitaba todas las instrucciones de lo que se tenía que ir haciendo, rezaba y creo que pedía la gracia de los dioses. Había otro monje (de aspecto más solemne) que de vez en cuando también rezaba. Una de las simbologías de la ceremonia ha sido que los novios han bebido sake del mismo vaso dando tres sorbos cada uno, después los padres de cada uno y una vez más los novios. Después todos hemos bebido del mismo sake.

Al salir de allí, y como creo que en las bodas en todo el mundo, nos han hecho muchas fotos a todos juntos, cuidadas al detalle, y ya nos hemos dirigido al restaurante donde se hacía la recepción de la boda. Es costumbre en las bodas japonesas al llegar al lugar de la recepción entregar un sobre con dinero para los novios. Este sobre ha de contener un número de billetes impar, que sean nuevos y la cantidad varía un poco si eres un familiar, un amigo o un compañero de trabajo.  El sobre ha de tener unos lazos de colores determinados (sino podría ser de nacimiento o incluso de funeral!!)  y se ha de poner el nombre de la persona que entrega el dinero en la parte inferior. Después ya hemos pasado a una sala a esperar a los novios que han llegado poco después en un Rolls-Royce. Han seguido las fotos y hemos subido a la sala donde estaban las mesas ya preparadas.

Cuando ya hemos estado todos colocados, han traído vino blanco y todos hemos brindado por los novios. A partir de aquí han empezado a traer platitos muy apetitosos. La cocina, en mi opinión, parecía de inspiración francesa pero con ingredientes típicos japoneses.  Las familias del novio y la novia habían estado bastante separadas durante toda la celebración, pero a partir de este momento, y entre plato y plato, han aprovechado para levantarse con una botella de cerveza e ir a la mesa de los integrantes de la otra familia. Supongo que se han felicitado mientras el que se había levantado servía cerveza al otro.

En un momento dado, tanto el novio como la novia se han levantado para cambiarse. Hasta entonces habían estado llevando trajes tradicionales: ella un precioso kimono blanco con grullas y él un pantalón y chaqueta de kimono. Durante este rato nos han puesto un power point con diferentes momentos de la vida de Azusa y Tomoyasu, primero su vida por separado y después juntos. Me ha emocionado ver que había un momento en el que yo aparecía en el power point, Deborah-chan Deborah-chan, he oído decir a alguna persona.

Al volver, ya vestidos ambos de blanco, han traído el pastel que han cortado juntos. Había una chica con un micrófono que iba hablando y narrando cada momento y me ha sorprendido oír mi nombre. Azusa ha querido que me levantase y darme a probar del pastel…Me había dicho (por suerte) que en algún momento se nos mencionaría y explicaría quien éramos, pero no sabía que tendríamos que levantarnos y probar el pastel primero! He querido decir en japonés que estaba muy contenta de estar allí y quería ser amiga de Azusa siempre, pero me he puesto muy nerviosa y no lo he dicho nada nada bien. Aun no me puedo creer la importancia que ha querido darme en un día como este. Una cosa es asistir a la boda de alguien, pero otra que te hagan sentir especial como ella lo ha hecho.

Después ya se han dado a probar el pastel el uno al otro y han ido mesa por mesa para hablar con todos los asistentes y hacerse fotos con ellos. Finalmente les han dejado un momento para comer un poco (que entre el ajetreo no han tenido nada de tiempo) y ha acabado todo. Los novios y los padres han bajado primero para despedir a los invitados que se marchaban.

Entonces hemos cogido un taxi y nos hemos preparado para marcharnos. Me han quitado el Kimono en el mismo lugar que me lo han puesto, solo ha sido, quitar nudo quitar nudo quitar nudo, por un lado me ha dado pena no llevarlo (no sé si alguna vez llevaré un kimono tan bonito) pero por otro lado ha sido cómodo dejar de tener la cintura apretada y volver a llevar mi ropa puesta. Eso sí, no he dejado que me deshiciesen el peinado. Como mínimo hasta esta noche me apetece llevar el recogido que me han hecho.



Creo que esta ha sido la entrada más larga que he escrito pero realmente quería narrar con detalle el día ya que pienso que a Japón puedo volver pero dudo  por esta experiencia tan bonita dudo que vuelva a pasar.

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