martes, 15 de abril de 2014

Surfing in Okinawa

Mientras escribo esta entrada noto la piel roja, como después de un día entero tostándome en la playa al sol. Hoy el tiempo ha sido ha sido muy bueno, el sol ha brillado fuerte y aunque la brisa marina engaña un poco y da la sensación de que no te has de quemar, lo cierto es que he cogido más sol del que es aconsejable.

Esta mañana ya nos lo hemos tomado con calma y no hemos salido temprano del hotel, nos hemos sentado en las tumbonas de la playa privada del hotel mientras mirábamos al mar. Después hemos cogido el coche, con el único objetivo de dar vueltas y ver paisajes. Nos hemos ido a la parte Oeste de la isla, donde están los manglares y creo que hoy ya he conducido con más tranquilidad.

A las 16 habíamos quedado con el instructor de surf por lo que, sin estar convencidos de parar en ningún restaurante de los del camino, cogimos comida en un conbini que estaba cerca de donde habíamos quedado. Volví a agenciarme un Tako risu (nota: comí ayer para comer, hoy para comer y hoy para cenar, o sea que ya van cuatro veces), me encanta el dichoso plato.

El instructor de surf es un americano instalado en Okinawa, algo reservado pero todo eficiencia. Nos ha dejado todo, las tablas, los trajes de neopreno e incluso las toallas. Primero nos ha dicho que practiquemos ponernos en pie como se debe encima de una tabla en el suelo mismo. Después hemos ido a buscar las olas (hay varios sitios donde pueden haber). Para empezar nos hemos puesto los trajes y hemos bajado las tablas a la playa. El instructor nos ha hecho ponernos planos sobre la tabla y irnos desplazando con los brazos. Esta es la parte más cansada, ir arriba y abajo impulsándote sobre los brazos. Pero para llegar de donde salen las olas (y cada vez que te subes a una) es necesario moverse de este modo.


No es nada fácil coger el equilibrio suficiente para ponerse en pie de un salto sobre la tabla, lo que sí es divertido y no hay que hacer nada más que dejarse llevar, es sentir la velocidad de la ola cuando la montas. Después de muchas caídas y solo conseguir poner de cuclillas sobre la tabla, he conseguido ponerme una vez en pie y dejarme llevar. Como mínimo lo he conseguido una vez :D. Okinawa está rodeada de coral y no es recomendable bajarse de la tabla, claro que para aprender es normal caerse y nos hemos llevado algún golpe y rascada del coral. Al salir me sangraba el pie, pero ni me he dado cuenta cuando me lo he hecho, de lo concentrada que estaba intentando ponerme en pie en cada ola. Aquí más información sobre la escuela de surf.

Mañana volvemos a Kyoto (en dos días ya se celebra la boda de Azusa). Mañana toca más desplazamientos.

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